sábado, octubre 30, 2004

Intentando regresar


Estando en el DF descubrí multiples misterios de los tantos que existen en este país:
Los chilangos tiene cara de dedicarse a todo tipo de oficio; por ejemplo uno ve a un tipo medio amoladón cargando un ejemplar de La Jornada y uno a huevo quiere comprarselo, uno ve a un parquero de una cantina y le pide que le encienda un cigarro y que después le traiga una cerveza, los botones de los hoteles tiene cara como de tener ganas de bolearnos los zapatos, a los choferes de autobus parece faltarles un semestre para recibirse en derecho y dedicarse a las averiguaciones previas.
Eso es tal vez lo que hace al DF una ciudad muy especial, el rostro plural dispuesto a servirnos o a jodernos.

Los chilangos más feos son los blancos, o casi blancos, esa mezcla criolla que da como resultado un blanco verdoso de lo más horripilante, no es que ande yo de recortón , ni que considere mi color el más perfecto del universo, lo que sucede en que en estos chilangos que son como morenos venidos a mas, la pelambre les surge de manera atroz, la barba los hace parecer como las viejas caricaturas donde los delincuentes llevan la barba pintada de gris.

El metro es interesante, tiene algo de fantasmal y funebre que no se encuentra en otro medio, eso de ver cientos de rostros pasando a gran a velocidad es la imagen que mas me acerca a mi propia insignificancia, andar en el metro es pasear por un pesadilla que sucede en las entrañas de la gran ciudad y que los demas, los que pasan encima de nosotros, ignoran.

Si llegas crudo al DF la ciudad te cae de peso, o no se si se deba a llegar por via terrestre, algo sucede cuando el cansancio, la resaca y algo mas se unen para destrozarte el cuerpo, camina uno desganado, la fuerza de gravedad parece distinta, lo peor es la noche, es un delirio constante, no puedes dejar de sudar y entre esa fiebre en la que la ciudad te posee, no dejas de imaginarte las peores muertes posibles.

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